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 Sean mago. Capítulo Primero

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Kamina
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MensajeTema: Sean mago. Capítulo Primero   Lun Nov 03, 2008 11:29 pm

Resubo la historia que empecé a escribir de este personaje del mundo de tinieblas.


Capitulo Primero: El hombre que nunca estuvo allí.

La silueta de los dos cuerpos todavía se recortaba a la ténue luz del sol, que ya empezaba a esconderse. Gotas de sudor perfilaban los rostros y relataban mudo testamento del pecado que se había cometido allí, pecado que apenas era disimulado por unas sabanas empapadas que intentaban vagamente cubrir los cuerpos de los implicados.
Despacio, y como si tuviera todo el tiempo del mundo el hombre se aproximó a su pareja, la besó con ternura infinita y ella correspodió al abrazo de sus labios envolviendo su cuerpo con sus brazos, ambos giraron por la cama envolviéndose en un frenesí de besos y pasión.

La bombilla que iluminaba la habitación tililó mientras advertía a los amantes de que les espiaba desde las alturas. Estos haciendo caso omiso siguieron con su particular danza. Cuando no pudieron soportar más tanta pasión ella abrió lentamente sus piernas para mostrarle el tesoro de su entrepierna. Luchando contra la bestia que se cernia sobre el y que le empujaba a penetrarla rápidamente el hombre se controló y decidió besarla una vez más a la vez que se iba introduciendo en el tempestuoso mar que era el cuerpo de ella. Un gemido felino salió de la boca de ella, que ni pudo ni quiso reprimirlo, cuando el cuerpo del hombre se coló cual, esperado ladrón, en su cuerpo.

La danza fue al principio lenta, como si los dos cuerpos primero se estuvieran reconociendo, hasta estallar en una desatada batalla campal en la cual parecían querer comerse y beberse mutamente cada centímetro de sus cuerpos.
En medio de la pasión y sabiendo ella que su compañero pronto llegaría al éxtasis, decidió hurtar el cuerpo y empujar el cuerpo de este hasta que su espalda pegara que las humedas sabanas. Ella le sonrió desde arriba y el, como el mejor de los cómplices, le devolvió la sonrisa. Agarrando las manos de el las fue guiando por su pálida piel, desde sus suaves piernas hasta sus perfectos pechos y así el baile volvió a comenzar.

Algún tiempo después los dos volvían a permanecer quietos sobre la cama, solo delataba que estaba vivo el movimiento que hacía al respirar.

En el caso de ella, ni siquiera eso...

El hombre, se levantó de la cama mostrando sus tonificados musculos.
-No irás a enecerte un cigarrillo? - Preguntó irónicamente la mujer.
El hombre sonrió mientras se acercaba al stereo y pulsaba una tecla, inmediatamente la habitación se llenó del Ace of Spades.
-Motorhead rules – dijo el mientras se acercaba a ella. Miró fijamente a sus ojos de gato mientras acariciaba su larga cabellera negra.
-No deberías arriesgarte tanto.- Dijo señalando la ventana. Si realmente era perocupación o simple ternura post polvo nadie sabría decirlo.
-Es que ya no me quieres ver? - Le respondió mientras reunía toda la sensualidad que había en su ser, que era mucha, en una simple mirada.
El hombre simplemente sonrió y comenzó a vestirse, reuniendo las partes de su vestuario que habían quedado diseminadas por toda la habitación.
-Bueno. ¿Como os va? - preguntó el mientras se ponía sus jeans de color azul oscuro
-Podría irnos peor, pero también nos podría ir bastante mejor. Y tu lo sabes. Los viejos estan bastante ocupados por ahora asi que para ellos es imposible mantener todo el control sobre la ciudad, pero mantienen las cosas lo suficientemente atadas como para que no se vayan declarando vendettas cada dos por tres. -hizo una pausa mientras se ponía boca abajo en la cama. - Podrías ayudarnos Sean. Nuestra gente te lo pagaría bien, además te vendría bien tener unos cuantos amigos en esta ciudad para variar.
Sean se lo veía venir desde hacía tiempo y habría deseado que este momento no hubiera llegado tan pronto. "Maldición, son solo las once de la noche. Todavía queda tanta noche por delante..."- pensó y se cuidó mucho de no dejar traslucir nada de lo que pensaba. Se tomó un momento más mientras dejaba que su oscura camisa de manga corta terminara de correr por su cuerpo.
-Ya sabes la respuesta. - dijo a la vez que se resiganaba a no tener más diversión por esa noche.- En esta ciudad soy neutral y no puedo tomar parte por vuestra causa.
-¿Esa es la escusa que te pones para dejar morir a la gente? ¡Son mis amigos y compañeros los que todavía mueren en esas calles!
-Lo primero es que dudo que entre vosotros se pueda usar la palabra amigo. Solo teneis a gente a la que usais más frecuentemente que a otra. Lo segundo es que no participo precisamente para mantener esas muertes al mínimo.
-No eres más que un sucio cobarde. - escupió ella- te dices eso para poder irte a dormir tranquilo, ¿no? Para que no te moleste esa sucia conciencia que tienes ¿O ya has conseguido corromperte tanto que ya ni eso te queda?
El hombre pensó en sus opciones. Podía enfadarse y responderle, podía agitar su varita mágica y sacarla de allí a patadas, pero simplemente se acercó hacía la puerta y de todas las respuestas posibles que tenía para ofrecer, dejó que el sonido de la puerta al cerrarse hablara por él.

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Última edición por Kamina el Lun Nov 03, 2008 11:46 pm, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: Sean mago. Capítulo Primero   Lun Nov 03, 2008 11:31 pm

Aquello era lo peor que podía paserle al chaval en aquel momento.
Peor incluso que se abriera un agujero al infierno y se los tragara a todos, casa incluida. Ahora, gracias a la tipa esa tendría que aguantar toda la noche a su maestro cabreado.
Si se esforzaba podía recordar la última vez que le vió cabreado, lo cierto es que tampoco fue hace tanto. Fue la vez en la que le intentaron colar un vinilo de los Beatles como antigüedad histórica. "Dios"-pensó el muchacho- "se tiró una semana dando el coñazo con aquel tema."
De todas formas, y por mucho que deseara darle las gracias como se merece a la mujer esa por el flaco favor que le acababa de hacer, se mantuvo muy atento a no decir nada, no solo porque cabrearía más a quien no debía, sino, porque cada vez que miraba a la chica esa no podía evitar que un escalofrio recorriera su columna. Y la cierto es que le había cogido cariño a su sangre después de todos los años que había pasado junto a ella, y desde luego no quería que se la sorvieran con pajita y la sirvieran en algun club vampírico mientras hablan del último cuadro de su puta madre.

Definitivamente se callaría su opinión.

El chico de no más de dieciseis años terminó de cruzar el oscuro y mal iluminado pasillo. Iba vestido con una simple camiseta blanca con letras azules y un vaquero azul, el sonido de sus zapatillas de suela de goma resonaba por todo el corredor. Llegó a una puerta de madera entreabierta por la que una luz blanca e inmaculada se escapaba, tomó aire y se decidió a abrirla con la mano. La puerta se quejó con un leve chirrido mientras la forzaban a abrirse, al otro lado el chico vio la permanentemente sucia cocina de la casa. El muchacho a veces se entretenía pensando en que esta cocina era algo así como una fuente de caos primario, no solo por el hecho de que todo estuviera siempre manga por hombro, sino por que aunque estuvieras completamente seguro de haber dejado una cosa en un sitio, jamás estaría allí, siempre se respondía a si mismo diciendo que estas son las cosas que pasan cuando dos hombres tienen que vivir juntos.
Cuando por fin se centró vio que sentado en una pequeña silla vestido con su habitual camiseta negra y portando sus gafas estaba su maestro, tomandose con calma un café.

-Bueno, ¿y que vamos a hacer esta noche? -preguntó el chico para romper el silencio que reinaba en la caótica cocina.
-Estaría bien que conocieras a unas personas... Creo que iremos a molestar a los triunviros. Antes de nada, Tom, debes comprender que... - la frase se quedó en suspenso cuando otra figuro apareció en la habitación. Era alta y de figura esbelta, se movía con una gracia sin igual, casi como si bailara, Tom pensó que se movía como debían hacerlo los elfos de sus libros de literatura fantástica. Durante un segundo miró al chaval con sus ojos de gato, unos ojos que cuando te miraban te cautivaban y no podías apartar la vista de ellos, por suerte para el joven mago la mujer no sostuvo la mirada por mucho más tiempo y se dirigió con movimientos agiles al otro extremo de la cocina, cogió su bolso y se marchó con sus pantalones ajustados de cuero negro y su camiseta escotada y sin mangas. El portazo estuvo a poco de sacar la puerta de sus goznes.

-Como te iba diciendo – continuo hablando Sean – es conveniente que recuerdes bien lo que ya te he enseñado de esos viejos presuntuosos. De hecho, serías capaz de resumirme cuales son los principales matices de comportamiento que debes vigilar cuando estes con gente “importante”?
El chico miró fijamente a su maestro, éste debía de llevar tres días sin afeirtarse.
-Debo ser responsable de todo lo que diga, asi que debo vigilar mis palabras. No debo decir nada si no me dirigen a mi la palabra, debo abstenerme de tocar nada o de lanzar conjuros y sobre todo no debo tratar de imponer mi forma de ver la magia sobre los demas. - El chico calló para ver el efecto de sus palabras reflejadas en la cara de su joven maestro.
-Bueno, eso es lo más básico, si eres listo esta noche podrás aprender un par de cosas sobre la magia y sobre las tradiciones. Ah, si ves que se empiezan a pelear entre ellos.... - sonrió como si recordara un vienjo chiste- quitate de enmedio todo lo rápido que puedas.
Sean dejó el vaso de cristal ahora vacío encima de la sucia encimera. El hecho de que ésta estuviera pintada de blanco solo acentuaba todavía más el desorden y las manchas. "Cuando volvamos lo limpiaré", -pensó el mago.
-Será mejor que cojas algo de abrigo chaval. Nos vamos.
Se encaminaron hacia la salida, Sean abrió la puerta y dejó pasar a Tom, quien había cogido una sudadera azul oscura con capucha. La puerta parecía bastante antigua, y cualquiera que apreciera sus electrodomésticos la habría cambiado ya, pero al mago parecía darle igual.
Justo antes de que la puerta se cerrara Tom escuchó decir a su maestro.
-Cuida de la casa hasta que volvamos guapa.

Nueva York parecía hervir de actividad a estas horas de la noche, y eso que era un simple Martes. La gente todavía medio somnolienta se dirigía a los bocas de metro o hacía su coche para quedarse durante una hora atascados y llegar tarde al turno de noche de donde fuera que trabajaran, al fin y al cabo Chicago necesitaba todo tipo de gente, incluso a gente como a ellos pensó Tom.
Cruzaron la carretera justo antes de que un Mazda 626 de color rojo les pasara por encima y siguieron toda la calle para arriba. Por fin devisaron el color negro de su Impalla, era un buen coche, según Sean lo había conseguido hecho chatarra y se las había apañado para restaurarlo, al fin y al cabo era la única explicación mínimamente plausible ya que son su sueldo de profesor de instituto no podía permitirse muchos lujos. El motor del Impalla del 69 rugió y se puso en marcha justo al tiempo que sonaba sweet child of mine de los incombustibles Guns and roses.

Tardaron algo menos de media hora en llegar al lugar, estaba en el centro de Nueva York, más concretamente en Manhattan. Tardaron como cinco minutos en conseguir aparcar y acto seguido se dirigieron a un lujoso rascacielos de setenta plantas. Al llegar al lujoso vestíbulo iluminado completamente por focos instalados en el techo un portero vestido con uniforme se acercó a ellos.
-¿Puedo ayudarles? - dijo con tono algo despectivo, casi como si de verdad hubiera querido decir "¿quieren que les acompañe ya a la salida o esperamos a la policía?"
-Curiosamente si que puedes – respondió con tono serio Sean. - Vete a cambiarte los pantalones antes de que te echen por exibicionista.
El tipo se quedó parado un momento sin saber que decir, hasta que debió sentir una corriente por las piernas que le hizo mirar abajo, desgraciadamente para el, sus pantalones no ascendían más allá de los tobillos. El pobre tipo todavía seguía preguntandose que coño había pasado cuando los dos visitantantes ya habían llegado al ascensor.
-Al fin y al cabo, hasta el hilo envejece, es ley de vida- dijo sonriente el mago.
Llegaron rápidamente al piso veintisiete, una vez allí se pararon delante de una puerta marcada con la letra “H”, el sonido del timbre resonó por todo el pasillo.
En cuestión de segundo se escuchó el sonido de diversas cerraduras pesadas abriendose en el interior de la puerta. Cuando esta se abrió mostró al otro lado a un hombre oriental, iba vestido con kimono japonés, la mirada severa que le dirigió a Sean no pasó desapercibida para nadie.
-¿Podemos pasar?, ¿o acaso prefieres que le diga al muchacho quien eres en mitad del pasillo? - preguntó cínico el profesor escudado detrás de sus gafas de sol.
Durante unos segundos pareció como si el oriental se estuviera planteando saltar sobre él o si dejarles pasar, al final abrió más la puerta y se hizo a un lado, permitiendo así la entrada a la cábala a los visitantes.

-Domo.- dijo el oriental-
-Eso pensaba yo.

La vivienda era grande y lujosa, el suelo era tarima flotante y daba la sensación de que aunque caminaras descalzo en pleno invierno te sentirías cómodo. El hombre que había abierto la puerta les condujo hasta una gran sala, varios muebles de diseño estaban colocados estratégicamente para no enturviar las corrientes del jing y el jang que fluían por la casa.

-Esperad aquí por favor.-Dijo antes de desaparecer por unas puertas dobles de madera.

Los dos visitantes se sentaron en los comodos sofás de cuero negro y advirtieron que casi imperceptible se escuchaba el sonido de una caña de bambú al chocar con una roca al llenarse esta de agua.
En una de las paredes del salon había un cuadro en el cual tres triángulos converguían por uno de sus vértices. En cada triángulo había un símbolo. El que estaba más abajo parecía un dragón oriental, el de la derecha parecía un cuenco desbordado y en el de la izquierda ponía coexist, la particularidad de éste último era que la c estaba formada por una media luna la x por una estralla de David y la t era una cruz. Algo debió de impactar en Sean ya que se quitó las gafas y se restregó los ojos para confirmar lo que había visto.
Inmediatamente se abrieron las dos grandes puertas y apareció el oriental con una pequeña bandeja, en ella había dos vasos de barro y una especie de tetera antigua o muy new age. Detrás de el había una mujer que vestía una túnica blanca e impoluta y detrás de esta un hombre de pelo largo, pantolones de cuero, y camiseta sin mangas de Metallica.

-Bueno, es el momento de las presentaciones formales.- dijo muy serio Sean levantandose.- aquí estan Luvia banni Verbena -dijo presentando a la mujer de la túnica- , Escorpión de Jade banni Hermandad Akashica -dijo señalando con la mano al oriental del kimono- y Stephen, banni Coro Celestial.- dijo presentando al de la camiseta de Metallica. - Miembros de la cábala del Triunviro, éste es Tom.- dijo presentando al chaval, cuando terminó las presentaciones pareció que se había quitado un peso de encima.
Después de una breve introducción sobre lo que iban a enseñarle al pobre chico Sean se puso a hablar afablemente con el coro celestial mientras los otros dos miembros de la cábala hablaban sobre el orden estelar con el muchacho.
-No me puedo creer que sustituyeras la serpiente de White Snake por esa chorrada de Bono- dijo casi riendose Sean.
-Ey, ya sabes lo que dicen. !Canta la voz del uno! - dijo partiéndose de risa.

Al poco rato Sean salió por la puerta, dentro de unas horas debía recoger a Tom.-Por si fuera poco, mañana tengo clase...- pensó a la vez que habría la puerta del ascensor y apretaba un botón.
De repente de donde no había nadie surgió un hombre, no apareció gradualmente, sino que al segundo anterior no estaba y ahora estaba allí.

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Última edición por Kamina el Mar Nov 04, 2008 12:02 am, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: Sean mago. Capítulo Primero   Lun Nov 03, 2008 11:31 pm

Por alguna razón Sean no se mostró sorprendido.

El hombre que acababa de aparecer era de estatura media, vestía un traje marrón oscuro que parecía haber comprado en las rebajas de restos de temporada y miraba a Sean con una expresión carente de emoción, sus rasgos parecían completamente anodinos y lo único que conseguía mantener la atención sobre ese rostro eran sus cejas, estas eran grandes y pobladas y en el extremo que más se aleja de los ojos tenían una leve elevación.

-Hola Sean- dijo una voz que casi parecía más de una máquina que de una persona.- cuanto tiempo sin verte.
-Que te trae por aquí viejo amigo?
-He pensado que quizas te podían apetecer unas cervezas.
-Seguro... No habrías venido hasta aquí sino hubiera una buena razón, ¿verdad? ¿Qué me ocultas?
-De verdad quieres oirlo sin tomar unas frías antes?

Sean sonrió y abrió la puerta del ascensor cuando llegaron abajo.
-Podríamos ir a Murphy´s.- dijo finalmente.

Al llegar a la entrada del edificio la voz del portero reverberó en toda la sala:
-Pase buena noche señor.
A los diez minutos el pobre hombre se sentaría en su butaca e intentaría recordar la escena, sabía que había algo que se le escapa pero no tenía idea de que podía ser.


Los dos magos pasearon por las calles de Chicago con destino a un irlandés que nunca estuvo a más de cinco minutos de distancia.
Letras góticas y doradas en un cartel de fondo negro anunciaban el nombre del local: Murphy´s. Los dos hombres entraron y tomaron asiento en una pequeña mesa de madera gastada en la cual había un diminuto cuenco con diversos frutos secos.

-Dos guiness por favor- pidió Sean.

La camarera se quedó brevemente desconcertada pues parecía no haber visto al otro hombre y acto seguido se marchó a atender el pedido.
-Bueno Peter, hacía toda una eternidad que no nos veíamos. Fue cuando aquella movida del falso batini no?
-Más o menos, si. Aquella vez si que te salvé el culo ¿eh?
-¿Pero que dices? La edad te debe de estar jugando ya malas pasadas perro. Recuerdo que fui yo el que te consiguió quitar de encima a aquellos tecno chulos de encima.
Los dos antiguos amigos estallaron en carcajadas al recordar los viejos momentos. A los pocos minutos la camarera se presentó con la dos guiness sobre una bandeja de metal reluciente.
-Uy, creo que me he equivocado de pedido.- dijo con apura la joven.
-No, no. ¿Lo ve? Dos cervezas para dos personas- dijo mientras señalaba a su amigo y a si mismo.
-ah, claro, perdón, no se donde tengo la cabeza ultimamente.- dijo dejando las cervezas.
-Por el sistema de educación americano- dijo alzando su oscura cerveza con un trébol dibujado en la espuma.

El tiempo pasó como si nunca hubiera estado allí mientras los magos hablaban de viejas historias y antiguas tumbas, las cervezas fueron corriendo por la mesa, como las bolas por una mesa de billar y casi como sin darse cuenta ya había pasado todo el tiempo del que disponía Sean, detestaba tener que hacer lo que ya sabía que iba a hacer, ni más ni menos que romper el frágil hilo del que estan hechos los sueños y los recuerdos.
Peter no habría venido por nada que no fuera serio, y desgraciadamente ya iba siendo hora de dejarse de tanta anecdota y pasar a cosas serias. Sean entrecruzó los brazos por encima de la mesa y durante un par de segundos bajó la mirada como ya se había visto hacer, luego alzó la mirada y la clavó sobre su compañero de aventuras y en ese momento ya supo lo que su amigo le iba a decir solo unos segundos después. La crudeza de las palabras le golpeó tan fuerte que casi sintió el golpe en su cuerpo. "¿Como podía ser?" Mientras cien preguntas crecían y se alimentaban las unas de las otras en la mente del profesor, tuvo que pronunciar las palabras que llevarían a esa terrible respuesta.
-Y bien, ¿que ha pasado? -la voz queda de Sean apenas se abría paso a traves del ruido ambiental del bar.
-Es Sarah.- esta vez no consiguió que su propio voz sonara todo lo neutral que le habría gustado que sonara, después de todo era algo tan personal, que no podía disfrazarlo fácilmente- la han matado.

Lo que pasó después fue una tempestad de preguntas y respuestas insatisfactorias. Sarah es, -era, maldita sea- una gran amiga de Sean, una de los pocos magos que todavía se llevababan bien de verdad con el, perderla significaba perder una parte de su misma vida. Peter le dijo que pensaba que era cosa de uno de los muchso grupos anarquistas que pulaban por la ciudad. ¿Puede que su propia indeferencia para con la ciudad le estuviera pasando factura a través de su amiga?

No conocía todos los detalles pero eso no duraría mucho.

Fue a recoger a Tom todavía en compañía de Peter, se cruzaron pocas palabras durante el trayecto, y se despidieron justo cuando la puerta del trinvirato se abría y la cabeza de Tom asomaba tras la puerta.
-Ya te contaré. - dijo en voz baja Sean justo un segundo antes de que su amigo desapreciera.

-Bueno chaval, como te ha ido ahí dentro?- preguntó Sean una vez en el coche.
-Bien, supongo.- hizo una breve pausa.- Sean, quien era el tipo ese con el que estabas?
-Asi que todavía lo recuerdas ¿eh? Ese, Tom, era el hombre que nunca estuvo allí.

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