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 El Inmortal

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Simon_Lagann

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MensajeTema: El Inmortal   Jue Jun 18, 2009 7:08 am

El hombre abrió la puerta de madera y de repente sus oídos se llenaron de los gritos y celebraciones por la victoria en los campos de Terminus, los posaderos llenaban las jarras de cerveza y estas se rellenaban casi a los dos minutos más tarde, la taberna estaba abarrotada y la gente lo celebraba, se reían y cantaban, sin embargo el gran y musculoso hombre ataviado con la armadura de color rojiza que le cubría casi todo el cuerpo se sentó en una esquina, alejado de la muchedumbre, saco un librito sin tapa de la antigüedad que tenía y empezó a leerlo:

“Año 516, un árbol había cerca mía, sangre por doquier, una mujer me miraba fijamente mientras de su boca se le escapaba sangre, otro cuerpo cerca mío tenía ensartado una lanza en el pecho y apenas podía hablar, había una gran espada cerca de donde yo estaba”

La imagen, incluso cuando no paraba de llorar, es claramente nítida para él, estaba junto a un árbol, viendo como unos hombres de un castillo perseguían a unos aldeanos que huían, los soldados de armaduras y espadas llegaron hasta donde estaban ellos y les hirieron con las espadas, observando como la punta de las espadas sobresalía de los vientres de lo que parecía ser su padre y su madre, llegaron hasta a el bebe por los lloriqueos y clavaron el frío acero de la espada en su garganta, dejando de llorar. Hasta el niño pudo ver como su sangre salía de su garganta.

Al recordar la imagen el hombre de la armadura se puso dos dedos en la herida, no tenía ninguna cicatriz ni sobresalía nada que evidenciase el profundo corte que sufrió el primer día de su vida.
Después de eso no recuerda que más ocurrió, intenta pensar que más le pasó hasta que sus pensamientos son cortados por la voz de la chica que se pasa para saber que era lo que quería tomar:

-Dos cervezas –dice con un tono seco

“Año 523, fui recogido y mantenido por una familia, no recuerdo sus caras, pero la mujer me trataba bien, me sentía a gusto, no podía quitarme de la cabeza lo que ocurrió hace ocho años, sentía algo en mi interior, siento como si la gran espada me llamara, con el tiempo decidí entrenar con el arma, pesa mucho pero siento una gran nostalgia al cogerla, como si algo dentro de mí me llenara al enarbolara”

Durante ese tiempo una familia cuido de él como si fuera su propio hijo, le recogieron el día en el que ocurrió el incidente donde los aldeanos se sublevaron contra los nobles por las cosechas en la época de hambruna, el conflicto se resolvió cuando un emperador volvió de un país lejano para ajusticiar a los nobles, años más tarde la paz volvió a reinar en la aldea de Nikovela.

“Esa familia me instalaron en su casa y me mantuvieron, me pusieron el nombre de Azelas, un gran guerrero que lucho por Dalaborn junto con Zhorne, sin embargo aunque se enorgullecían de mí por ser un buen muchacho, sentía que la espada que estuvo conmigo desde que abrí los ojos por primera vez me llamaba”

“Año 525, salí de la aldea con un petate y comida para dos días sin decirles nada a mi nueva familia, viaje sin rumbo fijo, pero me sentía seguro con la espada a mí lado”

Fue una etapa difícil, no sabría el hombre explicar porque pero lo sabía en su interior, había algo en su vida que no encajaba y ese sentimiento lo impulsaba la espada, que más tarde la uso para practicar la lucha, a las pocas semanas fue emboscado por unos bandidos.

“Me noquearon y me usaron para cargar sus cosas, me quitaron la espada y me puse furioso, esa noche algo ocurrió, al despertar vi todos sus cuerpos muertos y mutilados por heridas de hoja, la espada que llevaba en mi mano sangraba, me sentía bien.
Sin saber a donde ir pensé en utilizar mi destreza con la espada como guerrero, así que me aliste en el ejercito, la gente se reía de mí”

Mientras escribía la camarera coloco las dos jarras de cerveza en la mesa, una de ellas estaba justo delante del gran hombre de la armadura, invitando a que el compañero que creía la camarera vendría pronto tuviera la cerveza lista, en vez de eso el hombre apuro una jarra entera de un solo trago, y la otra la bebió de forma más moderada, la cerveza se caía en el diario, manchando la hoja de papel.

“Año 535, la gente ya no se reía de mí y mí destreza con la espada mejoró, siempre tenía mí espada a mí lado, me sentía bien con ella. No hablaba con la gente, los años transcurrieron de forma aburrida y yo seguía entrenando pero no estaba contento, mí espada me llamaba, me fui”

“Año 547, los pasos me llevaron hasta un lugar de mucho hielo, Goldar, hacía mucho frío y no me sentía bien, una parte de mí moría al estar en sitios tan extremos, cuando llegue hubo una batalla, así que me alisté como mercenario en uno de los doce clanes de Goldar clan que hicieron la sublevación, durante varios meses conquistamos Hauffman, pero nos expulsaron y aproveche para salir de ahí, no me gustan los lugares fríos”

La guerra se llevo numerosas vidas, los nórdicos mataban sin piedad a los de Hauffman, es cierto que el muchacho se alistó como mercenario, pero realmente ni siquiera cobró por el imposible trabajo, solo quería volver a bañar la espada.
Pero a los pocos meses el clan Thurizung se batió en retirada, masacrados por el cuarto señor de la guerra, el muchacho salió malherido.
Durante ese tiempo el muchacho vago sin rumbo en busca de matar, la espada lo llamaba una y otra vez y algo en su interior se agitaba cada vez más, de forma continua e inexorable, casi perdió la capacidad de raciocinio, buscando únicamente bañar la espada en sangre.

Durante ese tiempo se puso como mercenario en las guerras que asolaban regiones y países, hasta que se hartó y se convirtió en asesino a sueldo, que solo usaba el dinero para la comida, convirtiéndose en una bestia.
Con el paso de los años el hombre observó que no envejecía, donde los demás morían él se mantenía con la misma edad, pensando día tras día en a quien iba a matar, durante años se oculto en los caminos que llevaba a Arkangel, matando a todo aquel que entrara en su camino y robándoles todas las mercancías.

“No recuerdo nada de esos años, solo se que me sentía en unión con la espada, la sensación de tener la espada ensangrentada me satisfacía, era a lo único a lo que aspiraba, incluso hoy yo…”

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Simon_Lagann

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MensajeTema: Re: El Inmortal   Jue Jun 18, 2009 7:09 am

El hombre deja de escribir, aunque siente todavía a esa semilla en su interior, no sería capaz de escribirlo ya que eso significaría que aún no ha podido retenerla por completo, el hombre cambia la mirada y la dirige hacía la espada bastarda que hay cerca suya, completamente mellada por los siglos. Pero, incluso ahora siente algo en su interior que se revuelve. El hombre apura la segunda cerveza, pide otra y sigue escribiendo por donde lo dejó.

“Año -/-, me dirigía de una ciudad a otra, como una sombra, fui encarcelado varias veces, pero siempre conseguía salir de ahí, siempre deambulaba por el país de Abel, ya que me gustaba el bosque que había cerca de la capital, que me permitía ocultarme, sin embargo tuve que huir del país perseguido por la Inquisición, recuerdo haberme encontrado con uno de sus acólitos, una muchacha, era poderosísima, tuve que correr por mi vida, incluso aunque no supiera exactamente que es lo que estaba haciendo, algo me decía que tenía que correr”

“Durante esa época aprendí a sobrevivir en los bosques, me sentía seguro con ellos, en seguridad, usando los grandes troncos para ocultarme de los mercaderes que se acercaban lo suficiente como para poder asaltarles”

Pero cuando llego la Inquisidora, el hombre que ya rondaba los cuarenta años combatió ferozmente contra ella, aunque no tenía completo conocimiento de lo que hacía, no había sucumbido lo suficiente a la espada como para poder adoptar la forma de la criatura, pero si lo suficiente como para ser algo a lo que no había que subestimar.
Sin embargo la Inquisición tiene armas especiales para enfrentarse a criaturas como él, y su destreza con la espada era inigualable, a los pocos minutos tuvo que salir corriendo de ahí para poder sobrevivir a la muerte segura.

“Año 652, me dirigí una vez más a alistarme en el ejercito en cuanto estalló un fuerte conflicto entre Kanon y Lucrecio, aproveche está oportunidad para poder conseguir matar a más personas, y no tardaron en contratarme como mercenario”

Su única satisfacción era matar cada vez a más personas, con lo que cuando escuchó el conflicto de oídos de los mercaderes repartidos en Abel hizo que partiera de inmediato a Kanon, un mes más tarde consiguió el hombre demostrar su pericia en las armas y lo marcharon al frente. Antes de eso y para que no lo reconocieran se compró con las batallas ganadas una armadura completa y un yelmo que le ocultaba el rostro, para que jamás supieran quien era.

“La Inquisición me perseguía y no podía correr el riesgo de nuevo de enfrentarme otra vez contra otro de sus súbditos, con lo que del dinero que ahorre de los pertrechos y del dinero que gane en pocas batallas conseguí comprarme una armadura, que aunque era muy incomoda sentía que no tardaría en acostumbrarme, y sobretodo un yelmo cerrado para ocultar mi rostro
En el ejercito, hubo algo que me hizo cambiar, mientras que estaba en el ejercito, estuve destinado a un pelotón en el que su capitán era un hombre que portaba una lanza, se llamaba Iwan”
Era un hombre adulto y con el pelo blanco, al igual que su piel. Tenía una pericia sobrenatural con la lanza, que era casi como una extensión de su propio cuerpo, así que casi sin contenerlo me enfrente a él….me gano”

El hombre aún recuerda la pelea como una cicatriz más profunda que cualquier herida que había sufrido hasta entonces, se abalanzó hacía él con ira, dejándose llevar por su espada y saltó para hacerle un corte vertical cuando, antes de tener su acero en el cuello de su antagonista él ya sentía el frío acero de la hoja de la lanza en su cuello, traspasando completamente su ataque y llegando a poder cortarle el cuello antes siquiera de que se hubiera puesto a su alcance.

“Fue humillante, no podía aceptar que me hubiera ganado sin apenas poner resistencia, con lo que seguí intentándolo, incluso aunque solo me contestara con una sonrisa y sus movimientos gráciles”

El hombre se agachó y le dio una patada en el vientre que envió a Iwan varios metros hacía atrás, algo en su interior se agitaba y crecía más y más, el hombre no podía soportarlo.

“Mí espada se hacía cada vez más pesada y grande, mí piel se enrojecía cada vez más y sentía como cada vez empezaba a hacer más calor, la rabia me consumía y lo único que quería en ese momento era descuartizar al hombre que había osado a ganarme sin que apenas hubiera habido un combate, fue la primera vez donde…cambié”

Sin apenas consciencia y solo por sus instintos, el humanoide se acercaba de forma rápida y aleatoria hacía él, que no podía ver muy bien sus movimientos. Cada vez que le atacaba el humanoide paraba sus acometidas y le contraatacaba con gran fuerza. Sin embargo el hombre era más poderoso que aquella bestia sin raciocinio, con lo que cuando volvió a embestir, Iwan se vio obligado a clavar la lanza en el corazón del hombre, haciendo que frenara su embestida y toda su furia parara, volviendo de nuevo a la normalidad.

“Me desperté en un saco de dormir de una campaña, había un empaste en la herida y el capitán se quedo junto a mí para ver si había sobrevivido, se sorprendió mucho de que hubiera sobrevivido, más sorprendido estaba yo al ver a alguien al quien no había podido matar y sin embargo parecía tan...humano, no era como esa Inquisidora, que usaban poderes que ellos mismos tachaban de sacrílegos. Él era diferente”

“Desde aquel entonces no me separe de él, tenía que saber como había conseguido esa fuerza y de donde”

Después de eso el hombre deja de leer y se da cuenta de que ya cada vez hay menos gente, el silencio producido mientras leía creía que era fruto de su concentración, pero realmente cada vez se iba yendo más gente, parece que se hacía tarde.
El hombre pidió otra cerveza y siguió leyendo.

“Durante varios meses combatimos Iwan y yo codo con codo, él me enseñaba a que había que ser calmado, estudiar al enemigo, no mostrarse ni demasiado agresivo ni demasiado tranquilo, uno se debe adaptar al enemigo, pero sobretodo lo que uno se necesita para poder luchar realmente bien es una razón de lucha, ¿por qué he estado luchando yo todo este tiempo?, ¿para qué?
Es por eso por lo que he empezado a escribir este diario, para que no se me olviden estas cosas nunca y para saber que, por mucho que cambie o me transforme, siempre tendré esto para volver a reconducir mi camino, yo también, al igual que Iwan, he de encontrar algo por lo que luchar”

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MensajeTema: Re: El Inmortal   Jue Jun 18, 2009 7:09 am

La guerra contra Lucrecio, aunque larga, no fue demasiado agresiva, el señor de la guerra Tadeus Van Horsman procuraba que la guerra no fuese demasiado encarnizada y solo se redujeran a ciertas escaramuzas para demostrar el poderío bélico de las fuerzas de Abel, demostrando que no tenían nada que hacer las fuerzas de Lucrecio y se rindieran cuanto antes para poder volver a los tiempos de paz. Sin embargo la guerra no termino hasta el año 701.

“Año 662, durante todos estos años he aprendido mucho de Iwan, creo que el camino que antes seguía no era el correcto, y he de evitar cuanto antes los impulsos de mí interior, aunque aún no se porque me ocurre, no puedo permitir que vuelva a suceder, la espada ya no la uso y he empezado a especializarme en la lanza como Iwan, al que siento un gran respeto pues es alguien admirable, un hombre formidable en la batalla pero que no deja de ser un humano, ayudando a sus soldados e invitándoles a cerveza, me sentía bien por primera vez, una nueva sensación que no era producida por matar a docenas de personas.”

Sin embargo durante un momento el hombre dejo de leer porque ya sabía con lo que se encontraría en la siguiente página, tomo un largo trago de la nueva cerveza que le trajeron y se la apuro al instante, intentando usar el estado etílico para facilitar la lectura que venía a continuación.

“Año 663 …………………Iwan ha muerto…………………………lo maté yo mismo”

Su recuerdo aún esta grabado en su memoria, recuerda como en la gran batalla donde Lucrecio mandó todo lo que pudo se desarrolló de forma encarnizada, durante el combate el él fue herido en el corazón, además de haber sufrido el impacto de varias flechas, despertando la ira que había en su interior.
Creyendo todo el mundo que había muerto despertó de forma encolerizada llenando todo el escenario de llamas, sangre e ira. Con su gigantesca espada, atacó tanto enemigos como aliados, llenándolo todo de cuerpos muertos mientras el fuego se apoderaba y consumía toda carne que caía al suelo, convirtiéndose en un infierno.

“El único que no huyó fue Iwan, quien me suplico que detuviera la masacre, pero no podía escucharle, lo único que pude hacer que atacarle. Con mi energía liberada por completo y mi pericia tras diez años enseñados por alguien como él no fue difícil matarle
Y entonces, solo en esa planicie, completamente devastada, guarde la espada maldita y cogí la lanza, el único recuerdo que queda ahora con vida de mi compañero”

Entonces Azelas, el inmortal de sangre demoníaca, miró la lanza que había junto a la espada grande que había, unas lágrimas salieron de los ojos del corpulento hombre al recordar lo sucedido.

Pidió otra cerveza y siguió leyendo:


“Año 701, la guerra por fin terminó, Lucrecio no pudo hacer nada más al enviar al resto de fuerzas que quedaban y se consiguió poner fin al conflicto, antes de que me pudieran juzgar yo ya huí de ahí, no me quede a terminar el resto de la guerra para que no me pudieran atrapar, la espada la encadene con cadenas de acero negro para debilitar la llamada de la criatura y deje de luchar en las guerras, desde entonces me instalé lejos de ahí y de las luchas, en Remo, Albino”

“Me dedique a la forja después de unos pocos años de aprendizaje, ya que decidí salír del gremio y empezar por mi propia cuenta. Aunque al principío fue algo complicado, en poco tiempo aunque no tuviera mucha idea de forjar conseguí hacer verdaderas proezas, me dedicaba a crear armaduras para los soldados, grandes armaduras que les permitieran seguir con vida de una gran guerra y pudieran contarlo en las tabernas. También vendía cuchillos, lo más parecido a un arma que forjaba, ya que no podía permitir vender armas que permitieran causar tanto dolor como el que yo he causado, simplemente no podía…”

Con los años la herrería de Azelas, llamado “La mejor defensa” obtuvo un gran prestigio y al ser una de las pocas herrerías de la ciudad, el ejercito compraba casi todas las armaduras que había, incluso empezó Azelas a crear armaduras por encargo. Y durante ese tiempo Azelas nunca volvió a empuñar un arma, pero nunca dejo de practicar con la lanza y la espada.

“Nunca volví a usar un arma contra otro, pero nunca pude tirarlas o derretirlas, algo me lo impedía, además todas las mañanas antes de abrir la tienda practicaba con ellas, al fin y al cabo era mi naturaleza, ser un guerrero, y eso no podía evitarlo”

“Año 711, un terrible terremoto asoló todo el continente, Remo quedó destrozada, matando a muchísimas personas que había ahí, mi herrería fue uno de los lugares que quedaron completamente destruidos. Después de eso, al morir ahí todo lo que me importaba y me ligaba con ese sitio, hice lo que siempre había hecho. Me fui de ahí a otro nuevo lugar, con mi espada encadenada, la lanza de mi amigo y una armadura que me forjé personalmente para mí
Llegue a Cedonia, en Bellafonte, un lugar tranquilo. Empecé a trabajar llevando las cajas de mercancías de los botes y barcos a la ciudad, estaba cansado de pelear, de forjar armaduras, de todo…solo buscaba algo a lo que encontrar sentido a mi larga existencia, nada más”

Era un trabajo duro, había poca gente que se ofrecía a hacer ese trabajo debido al enorme peso de las mercancías y los que trabajaban de eso no podían pedir ayuda externa ni de su compañero ya que les rebajaban el salario. Además cuantas más cajas transportaran más dinero ganaban, con lo que era una pura competencia entre los trabajadores, que a veces llevaban hasta casi edificios enteros en pocas horas.

“Año 712, me hice amigo de uno de los que trabajaban transportando cajas, se llamaba Ángelo, era un nativo de aquí que buscaba dinero para poder casarse con una chica, conseguimos ser amigos en poco tiempo, era alguien con quien llenaba el espacio que me produjo la muerte de Iwan”

Un hombre vigoroso y con entusiasmo, Ángelo era un hombre de piel oscura, al igual que su pelo y sus ojos.

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MensajeTema: Re: El Inmortal   Jue Jun 18, 2009 7:09 am

“Me compre durante ese tiempo una casa del dinero que pude salvar de la herrería que aún me sobraba y durante mucho tiempo deje de practicar la espada, me sentía que no necesitaba tener que sostener la espada entre mis manos. Sin embargo, no sabía porque yo era diferente a todos los demás, porque la desgracia me seguía a donde iba y que era lo que estaba destinado a hacer con esta vida
Tiempo más tarde Ángelo me presento a una chica, decía que lo mejor del mundo era estar enamorado y poder luchar por ella, alguien a quien amar realmente. Nunca conocí a nadie parecido a lo que me dijo Ángelo y decidí que eso quizás me ayudaría, tener una razón por la que luchar haría que pudiera encontrar el significado de mi vida. Es por eso que me presentó a Valeria”

La chica que Ángelo le presentó a Azelas era una preciosa muchacha de piel morena y de un color de pelo amarillo pajizo, tenía algunas pecas que hacían embellecer aún más a la tímida mujer de unos treinta años. Azelas sintió algo como nunca había sentido, pero era agradable esa sensación.

“Durante muchos años congeniamos Valeria y yo, el trabajo de llevar grandes cajas era duro pero me sentía lleno, lo disfrutaba con mi amigo y poco a poco iba conociendo cada vez más a Valeria, fueron probablemente los mejores años de mi vida”

Pero como todo, tiene su reverso oscuro. Un día Azelas se enteró de que Valeria tenía una enfermedad que no se podía curar con los medicamentos que había en la actualidad, y poco a poco su vida se iba extinguiendo, al igual que su sonrisa. Eso hizo una gran mella en el interior del corazón de Azelas, mucho más profundo que cualquiera de las espadas y flechas que le habían arrancado la piel, la sangre y los huesos.

“No podía hacer nada, la enfermedad de Valeria era mortal, lo único que podía hacer era entregarle una flor y una sonrisa cada vez que la visitaba del trabajo, era mucho peor que cualquier carga que había sufrido antes, no podía soportarlo, lo peor de todo es que cuantos más días pasan, más cerca está ella de la muerte, y no hay nada que yo pueda hacer para evitarlo”

“Año 728, Valeria había muerto, su corazón dejó de palpitar y ya no sonreía más, sus labios se cerraron eternamente al igual que sus ojos. Ángelo dejó de trabajar más, ya no podía levantar más cajas, era ya un hombre entrado en la edad, rondando ya los cincuenta años. Y sin embargo yo seguía exactamente igual, sin saber que hacer, con un dolor que no podía quitarme, lleno de culpa por no poder hacer nada y sin haberles podido ayudar. En comparación con la vida de los demás la mía parecía que estaba atascada en el tiempo, siempre con la misma edad por causas que desconozco, no se que hacer”

El hombre pidió otra cerveza y la apuro de un trago, sus efectos empezaban a notarse pero necesitaba su conciencia estar drogada del sopor etílico para soportar las líneas y los recuerdos que le afloraban al hombre al rememorar su anteriores años

“Ese mismo año, ocurrió un incidente, en la casa donde antes vivía Valeria no estaba su cuerpo, pregunte a los del barrio que la conocían donde estaba el cuerpo y no sabían nada, nadie sabía que había sido de ella, casi todos creían que estaba ya enterrada, pero no podía ser, ya que yo no la lleve a ningún lado, quería esperar un día para ordenarme las ideas y enterrar su cuerpo, pero no estaba por ningún lado, después de buscarla por toda la ciudad y en las ciudades cercanas, no descubrí nada, así que al final desistí de buscarla, me sentía mal pero no había nada que pudiera hacer, al fin y al cabo estaba muerta, la enterré con un efecto personal suyo que me regaló, una pequeña pulsera y seguí mi camino una vez más”

Después de leer todo eso el hombre observa que ya no queda nadie en la taberna, el posadero está barriendo el suelo y la camarera fregando las jarras, además no hay escrito nada más, así que en la página en blanco que le queda empieza a escribir:

“Año 989, hace más de doscientos años que no escribo nada, ya que no tenía nada importante que escribir hasta ahora.
Volví a la guerra, después de dejar el trabajo como transportador de cajas me fui a una lejana aldea a trabajar en la tierra, pero a los pocos años desistí ya que no me llenaba.
Después de trabajar de varios trabajos como escolta, guardaespaldas o minero vi que nada de eso me importaba. Yo era un guerrero y he nacido para la guerra, por eso me uní de nuevo como mercenario de nuevo y a los pocos años me alisté por tercera vez en la Alianza Azur en cuanto la estirpe Giovanni se extinguió y subió al poder Elisabetta Barbados. La Alianza Azur se formó y se negaron a seguirla, por lo que me enrolé cuando la guerra comenzaba, pero nada de eso me importaba, la razón por la que me alisté en la Alianza Azur era porque no quería que, bajo ningún concepto, Cedonia se destruyera, ya que al fin y al cabo es donde estaba la tumba de Valeria, así que por eso me uní a ese bando, aunque francamente me daba igual, ya lo único que quería era hacer para lo que estaba destinado, lo único a lo que le he encontrado sentido a la vida…luchar.
No encontré ni he encontrado una razón para luchar, ni pude seguir los pasos de Iwan ni los de Ángelo, simplemente se me pagaba por matar, que era lo único que hacía.
Durante todo este tiempo que serví a la Alianza siempre me emborrachaba por las noches para olvidar las penurias y mi vida, era el único y mejor momento del día.
Sin embargo después de tantos cientos de años vi que ya la guerra no me servía, no había nada realmente por lo que vivir, y no quería volver a vivir otros cuatrocientos años de sangre y guerra, así que una noche, con la valentía que te da beber como diez jarras o más, me intente suicidar.
Pero justo en ese momento algo me llamó, por primera vez tras toda mi vida mi interior me habló, comunicándose desde mi espada”

En una pradera, alejado de la hoguera donde descansaban los soldados, Azelas preparaba su horca para suicidarse, pero justo en ese momento la espada le llamó:

“No te atrevas a desperdiciar así tu vida guerrero, tu destino es un vértice de pesadilla, pero has de seguir adelante ya que eres esencial si quieres salvar de un gran peligro la humanidad en un futuro, es por eso que naciste”
-¿Ahora apareces?, después de que me llegara a hundir del todo es ahora cuando apareces, ¿justo en el momento donde te quitare la vida a tí?, ¿justo ahora?
“Humano, no me pongas a prueba, llegará el momento donde seas necesario, por eso tienes esa fuerza y resistencia sobrenatural que te ha sido otorgada, y es por eso que yo te ayudo en cuanto tu vida estaba a punto de extinguirse”
-¿Qué quieres entonces?
“Vive humano, vive y busca el sentido de tu existencia en la batalla, salva a la humanidad del peligro que los acecha, busca el Disco del Sol para poder enfrentarte a la batalla que se avecina y vive”

Después de eso la espada, que se había enrojecido hasta ponerse al rojo vivo derritiendo las cadenas, se volvió a enfriar hasta volver a la normalidad.

“Desde entonces voy de un lado para otro en busca del Disco del Sol, no se que forma tiene ni como podrá ser, pero se que en cuento lo vea lo reconoceré, hasta entonces, tengo que esforzarme por buscarlo”

Y eso fue lo que Azelas hizo, con lo que salió otra vez del ejército, en busca de aquel artefacto.

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