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 CONVERSACIÓN INACABADA EN UN BAR (relato muy corto)

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Viral

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MensajeTema: CONVERSACIÓN INACABADA EN UN BAR (relato muy corto)   Miér Abr 13, 2011 5:32 am

CONVERSACIÓN INACABADA EN UN BAR (relato muy corto)


Conrad entró en el bar. No era una noche lluviosa de tormenta, ni hacía frío en especial; pero sintió que el ambiente del recinto, cálido y acogedor, era como una protección contra cierta idea de la que no podía deshacerse y que iba generándole cada vez más angustia.

La planta era rectangular, con la puerta situada en uno de los lados cortos y la barra en el largo que quedaba a la derecha. Tras ella, tres civiles se afanaban en servir bebidas y comida fría a los soldados para los que gastar una parte del sueldo en aquel lugar era una buena inversión.

Las mesas, cuadradas, estaban distribuidas de forma irregular. Tanto a su alrededor como frente a la barra había taburetes, aunque en el segundo caso eran más altos. Todo estaba lleno de gente y Conrad intercambió saludos con algunos camaradas, a los que apreciaba en mayor o menor medida.

Alguien, al fondo de la sala, le hacía insistentemente señales con el brazo. Le pareció distinguir a Helmut, el corpulento y risueño sargento mayor. Conrad se alegró al verle; quizás fuera la persona más apropiada a la que contarle aquello que tanto le inquietaba. Con esta idea en mente, fue abriéndose paso entre las mesas llenas de parroquianos y el denso humo de las pipas y los cigarrillos; no fue hasta que llegó que Conrad cayó en la cuenta de que quizás habría sido más fácil cruzar por el espacio que mediaba entre las mesas y la barra.

Helmut compartía mesa con otros dos soldados, a los que Conrad también conocía: Peter y otro Conrad, apodado “Palillo” (aunque no era especialmente delgado). Los cuatro habían coincidido durante la instrucción, y desde entonces eran las personas con las que Conrad intentaba pasar más tiempo, aunque les habían destinado a pelotones diferentes.

—¡Hola, muchacho! —le saludó Helmut.

El sargento mayor, aunque superior en rango, no le sacaba demasiada edad; aun así, solía tratar a los tres como si él ya llevara décadas en el ejército. Lo cierto es que, después de los seis meses de instrucción, todos habían pasado otros dieciocho de servicio activo en la frontera este, con algún permiso ocasional; lo que se conocía popularmente como “la guerra tonta” seguía adelante y, aunque sólo había alguna escaramuza ocasional, no se podía bajar la guardia y aquel periodo de dieciocho meses había sido prácticamente ininterrumpido.

Helmut consiguió de los de la mesa de al lado otro taburete y lo colocó en el sitio que aún estaba libre, indicándole a Conrad que se sentara; así lo hizo, situándose con el sargento mayor a la izquierda, Peter a la derecha y “Palillo” enfrente.

Pese a su corpulencia, Helmut gozaba de una gran destreza física; gracias a ella, se había distinguido durante la instrucción en pruebas que hacían que otros reclutas, aparentemente más aptos, echaran lo que habían comido la noche anterior. Eso, unido a lo que otros denominaban “madera de líder”, habían propiciado su nombramiento como sargento mayor; un primer paso en lo que muchos aseguraban que podría ser una rápida carrera hasta el alto mando, siempre que alguna bala perdida no llevara su nombre.

Aunque sus logros generaban envidia, nadie odiaba a Helmut, o al menos no abiertamente; tenía la cualidad de sonreír la mayor parte del tiempo, con naturalidad, e incluso parecía que sonreía cuando no lo hacía. No se trataba de un gracioso o de un payaso que hacía reír, sino de alguien en quien se confiaba automáticamente aunque no se tuviera muy claro el motivo. Por el momento, nada había en la conducta del sargento mayor que indicara que aquella confianza era inmerecida.

“Palillo” era casi el opuesto de Helmut. No sólo en el sentido físico (aunque incluso Peter podía ser más delgado que él), sino también en el sentido de la impresión que causaba en los demás. ¿Cuál era dicha impresión? Ninguna. La gente, simplemente, no reparaba en su presencia; y si lo hacía, normalmente le olvidaban al cabo de un rato. Aquella falta de impacto en los demás quedaba justificada por la aparentemente absoluta irrelevancia de todo lo que hacía “Palillo”; no era un patoso o un inepto, pero tampoco destacaba en nada.

No guardaba tanto silencio como para que la agente pensara en él como “el silencioso”, ni hablaba tanto como para generar el efecto contrario; simplemente, decía lo que se esperaría que una persona corriente dijera en la situación concreta en la que se encontraba en cada momento. En algunas ocasiones, iba más allá y, cuando nadie más era capaz de responder a una pregunta, como “por qué estamos aquí” o “por qué luchamos”, él era capaz de responder con precisión y contundencia; aunque ello no implicaba un reconocimiento permanente, sino simplemente que en esos casos tardaba un poco más en volver a pasar desapercibido.

Sin embargo, Helmut y Conrad (que compartía su nombre con él) sí le habían recordado tras una de esas intervenciones. Precisamente fue Helmut quien le dio su apodo, para distinguir entre los dos Conrad; “Palillo” no puso objeción alguna, y así quedaron las cosas. Todavía faltaba por ver si, al pasar algún tiempo con Helmut, a “Palillo” se le pegaba algo y conseguía que también los demás se percataran de su presencia.

—Bueno, muchacho —dijo Helmut— ¿Qué te pasa? Te he visto con mejor cara después de algunas marchas fluviales…

Conrad se alegró de que su amigo fuera tan directo. Así podría contarle lo que le angustiaba sin tener que pasar por formalidades como “qué tal el día”, “de qué estabais hablando”, etcétera.

—Hoy he matado a un hombre —dijo en voz baja.

Sus compañeros guardaron silencio.

A su alrededor, los soldados seguían charlando, riendo y gritando; el contraste resaltó todavía más aquel instante en que ninguno de los cuatro dijo una sola palabra.

—Seguro que ese hijo de puta se lo merecía —masculló Peter.

Lo dijo con rabia, como si el difunto hubiera cometido alguna atrocidad y el propio Peter hubiera querido cortarlo en pedacitos para hacerle pagar por sus crímenes. Peter siempre había sido así: una olla a presión llena de rabia contenida. ¿Por qué? ¿Contra quién? Nadie lo sabía con certeza. ¿Contra todo lo que le rodaba, quizás? Ninguno había querido ponerle a prueba, así que Peter nunca había llegado a descargar esa ira contra alguno de los que le rodeaban; sobre todo porque éstos procuraban mantener siempre las distancias.

En una escaramuza, sí se había podido atisbar lo que había en aquel pozo de ira aparentemente sin fondo. Cuando, durante la instrucción, él y otros cuantos reclutas había entrado en la tierra de nadie (naturalmente, armados) como parte de un ejercicio, tuvieron la mala suerte de ser descubiertos por una patrulla enemiga. En cuanto los disparos empezaron a surcar el aire, el instructor ordenó que se pusieran a cubierto y devolvieran el fuego. El recluta que llevaba la ametralladora se quedó paralizado, más por la confusión que por el terror; Peter se acercó ya él y, sin mediar palabra, le apartó de un empujón y empezó a disparar con la ametralladora contra el enemigo, a ráfagas muy cortas y constantes que parecían decir “¡hijoputa! ¡hijoputa!”. Ni pestañeó cuando algunas balas pasaron peligrosamente cerca de él. Siguió disparando y, antes de tener que recargar la cinta de munición, el enemigo se había retirado a toda velocidad.

Dicha retirada se vio facilitada por el hecho de que las ráfagas de ametralladora no habían herido a nadie, a pesar de impactar cerca de donde estaban apostados los soldados enemigos. Si aquello había sido una muestra de inteligencia táctica (los heridos inmovilizan a una unidad y ésta tiende a permanecer en su posición devolviendo el fuego) o, simplemente, mala puntería, nadie quiso saberlo. No felicitaron ni amonestaron a Peter y él tampoco dijo nada al respecto.

El único que hizo alguna mención tras el incidente fue Helmut. Cuando le dijo a Peter que se alegraba de tenerle a su lado y no enfrente, el susodicho le miró como si hubiera estado dispuesto a destriparle en aquel mismo momento y le contestó algo así como “supongo”. Ése era el problema de Peter: incluso cuando pedía una cerveza, parecía implicar que iba a matar al tabernero y a toda su familia. En cualquier caso, después de aquello, Peter pasó a ser parte del grupo de los cuatro. Los otros tres se habían acostumbrado a su tono de voz y ya lo consideraban algo tan natural como que el sol saliera todas las mañanas.

Fue por eso que el comentario de Peter sobre el difunto no sorprendió a Conrad; distinto habría sido que lo hubiera hecho “Palillo”, pero ése no era su estilo.


FIN




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MensajeTema: Re: CONVERSACIÓN INACABADA EN UN BAR (relato muy corto)   Miér Abr 13, 2011 5:33 am

Creo que este final tan abrupto merece una explicación.

La idea para escribir este relato surgió cuando vi una serie de acción en la que los protagonistas y los personajes más importantes incurrían en una serie de topicazos irreales que llevaban al absurdo y que, sin embargo, son bastante frecuentes en las secuencias de acción pobremente conseguidas. Todo ello, naturalmente, facilitado por la estupidez supina de sus enemigos.

-¿Para qué molestarse en avanzar con cautela y aprovechando la cobertura que puedas encontrar a tu alrededor? Basta con ir andando tranquilamente, como Paco por su casa, liándote a tiros con cualquier cosa que se cruce en tu camino. Otra opción es quedarse de pie en mitad de un lugar despejado y dispararle a los que vayan apareciendo poco a poco por allí.

-Dos pistolas enormes son la mejor opción. No tienes problemas porque seguramente serás ambidiestro, podrás mirar a dos sitios distintos a la vez, compensarás de alguna forma el retroceso y podrás recargar ayudándote de la nariz.

-Puedes ir por ahí hablando contigo mismo sobre por qué eres tan genial; seguramente el enemigo, que es idiota, creerá que eres un vagabundo… aunque estéis en un barco en mitad del océano.

-También puedes soltarle puyas a tus adversarios mientras les matas; o mejor todavía, suelta primero la puya y dispara después. Debido a un extraño sentido de la caballerosidad compartida por neonazis, terroristas y traficantes (o mejor aún, ¡terroristas neonazis traficantes!), seguramente esperarán a que termines de hablar antes de hacer “algo”.

-Por ese “algo” se entiende alguna de las siguientes cosas:

A) Disparar con una precisión digna de las tropas de asalto imperiales.

B) Hacer que se encasquille el arma en el momento más inoportuno posible por haber estado fumando crack en vez de limpiar el arma.

C) No molestarse en calcular cuánta munición queda en el cargador y, al oír el “click” que indica que está vacío, poner cara de idiota y perder valiosos instantes en vez de recargar el arma directamente.

D) Soltar alguna estupidez con la intención de disparar inmediatamente después; la regla de la caballerosidad de los terroristas neonazis traficantes sólo se aplica en un sentido.

E) Abandonar precipitadamente el lugar en que uno estaría a salvo o al menos a cubierto y empezar a correr de un lado para otro como un pollo decapitado, sin molestarse en tratar de averiguar qué está pasando, quién está atacando, desde dónde disparan… Todo ello sin devolver los disparos, a no ser que sea para darle accidentalmente a un compañero.

Estas cosas tendrían más sentido si, en el caso de los protagonistas éstos tuvieran superpoderes o si, en el caso de los enemigos, todos ellos tuvieran algún problema mental (quizás debido al consumo de drogas). Sin embargo, estas explicaciones no encajan muy bien en series de pretendido corte realista.

Lo que pretendía con este relato era describir qué pasaría si un “héroe” que actuara de esa forma se enfrentara a un tipo corriente, desde el punto de vista de este último. Así, en el caso de ir andando y hablando solo mientras apunta con sus armas hacia el frente, el héroe sería acribillado por el “tipo corriente”, que estaría a cubierto tras una esquina y se habría tomado unas décimas para apuntar bien; o, si el héroe hiciera una entrada dramática y empezara a enseñar las armas con las que estaba dispuesto a aniquilar a sus enemigos, el tipo corriente le habría dejado hecho un colador mucho antes de terminar el discurso.

Sin embargo, para un relato corto cuyo objetivo era despotricar contra todos esos topicazos, no consideré necesario “inventar” un mundo entero con su historia, sus países y sus guerras. Hacía algunas alusiones más o menos vagas que podrían interpretarse de distintas formas “puede que sea un país real y una guerra que ocurrió de verdad” o “puede que sea un mundo similar pero distinto al nuestro”).

Sin embargo, conforme avanzaba la trama, me daba cuenta de que no tendría más remedio que concretar algunos elementos (contra quiénes luchan, por qué…). Y todo eso, ¿para qué? ¿Para terminar al cabo de un par de páginas, con alguna referencia a algo que me molestó, y ya está?

El conocido novelista y ensayista inglés G. K. Chesterton dijo (puede que no con estas palabras) que un escritor normalmente escribe sobre lo que él piensa… pero que un buen escritor escribe sobre lo que piensan los personajes.

Y estos personajes (Conrad, Helmut, Palillo) me decían que contara una historia de verdad.

Espero poder hacerlo la próxima vez.

Si habéis llegado hasta aquí, ¡gracias por vuestro tiempo! Wink

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MensajeTema: Re: CONVERSACIÓN INACABADA EN UN BAR (relato muy corto)   Miér Abr 13, 2011 5:50 pm

Un poco extraño, creo entender que querias decir, pero a uno se lleva una sorpresa cuando relamente lo ve "creado" o hecho a papel, de todas formas independientemente de eso me alegro que hayas decidido seguir escribiendo después de tanto tiempo, bienvenido de nuevo.

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MensajeTema: Re: CONVERSACIÓN INACABADA EN UN BAR (relato muy corto)   Miér Abr 13, 2011 6:06 pm

Si el héroe se encontrara con el "tipo corriente" de tu historia, no ganaría éste por tomarse tiempo para apuntar, ganaría el héroe porque tiene tiempo bala

Spoiler:
 

La historia es curiosa, y la verdad es que a veces cuando se ve una película/serie, sobre todo si es mala, te dan ganas de matar al productor y destripar al director. Supongo que tb por eso me gusta tanto The Wire, ahí al menos los personajes se preocupan por sus carreras, y tienen que sopesar si luchar contra el crimen y se enfangan con casos complicados que no les van a ayudar a medrar en su carrera, o si lo dejan correr y suben en el escalafón.

Pensandolo bien, y tal y como estan las cosas, no os da la sensación de que hay una corriente de héroes duros (realistas)? me refiero a una corriente que lleve a la creación de personajes como el capitán Alatriste o Gerard de Rivia. En los dos casos, me dejo alguno pero solo puedo pensar en que me voy a otro puto congreso, nos encontramos con héroes curtidos y hartos de batalla, también comparten similitudes en que el mundo que antes les acogía y les daba trabajo ha cambiado y ahora no hay sitio para ellos, todo ello sin dejarnos que son más hombres que héroes, y que tiran de maniobras sucias, perrerías y demás estrategias para ganas un combate.

En fins, que buen relato, me alegro de que hayas escrito algo después de tanto tiempo. By the way, el Viernes ya os hablaré de un PEDAZO de juego que he descubierto, pero por ahora dejaré algún trailer en algún sitio.

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MensajeTema: Re: CONVERSACIÓN INACABADA EN UN BAR (relato muy corto)   Jue Abr 14, 2011 12:22 am

¡Gracias por vuestros comentarios! Este tipo de cosas siempre suponen un aliciente a la hora de escribir. Wink

Y es cierto que, a base de crear personajes que se apartan del estereotipo de "héroe", lo que han conseguido ha sido crear otro estereotipo, esta vez el de "antihéroe".

Me recuerda a lo que ocurrió con las películas del oeste: al principio, los indios eran siempre el adversario cruel y despiadado; pero luego llegó un momento en el que se les presentaba como un pueblo pacífico que vivía en armonía con la naturaleza, acosado por los malvados y estúpidos hombres blancos que querían quitarles sus tierras.

Es uno de los riesgos de intentar ser original y darle la vuelta a un "topicazo": terminas creando otro y echando a perder esa originalidad que querías conseguir.

¡Hey! Este podría ser un buen tema para la noche de tapas.


PD - ¿Qué hace "Troll Face" por aquí? ¿Quién es? ¿Qué pretende? ¿Qué está dispuesto a hacer para conseguir sus objetivos?


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