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 Puñal negro (1ª sesión)

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MensajeTema: Puñal negro (1ª sesión)   Lun Feb 25, 2008 8:26 pm

Arreciaban los vientos en torno a la gigantesca fortaleza de Tol Rauko cuando unos pocos seres excpcionales fueron llamados a una de las salas de conferencias.
Gloriosas espadas colgaban de tremendas columnas de negro azabache y preciosos tapices decoraban la estancia solo iluminada por unas cuantas antorchas que dejaban intuir la tremenda bóveda.
Uno a uno fueron llegando, todavía no lo sabían, pero estaban llamados a la gloria. Dos de ellos llevaban los pelos alborotados debido a los fuertes vientos que arreciaban, pues acababan de ser llamados cuando se encontraban haciendo guardia en una de las negras torres, dorados collares pendían del oscuro cuello de uno e ellos, su tono de piel y su peculiar turbante delataban su procedencia. Su compañero, con aire más desenfadado entraba al salón todavía comentando los ultimos chascarrillos. No tardó en aparecer el tercer protagonista, un hombre reservado y callado, atención especial recaía sobre el por su comportamiento impecablemente marcial, sabía lo que era, un soldado, y sabía que la seriedad ante la circunstancia en la que se encontraba era la norma a seguir.
Una vez más la puerta se abrió, cabellos blancos cubrían la cabeza de quien la había abierto, sus ojos grises parecían serios. Negra la armadura que portaba, roja bermellón la capa que de sus hombros caía, rojo también el símbolo que grabado en el pecho de la armadura portaba, era un cruzado, la élite dentro de los caballeros de Tol Rauko, entrenados para cazar, entrenados para enfrentarse a la negra noche de lo sobrenatural.
El permanente silencio solo era roto por los chirridos provocados por las armaduras de los guardias y por las pisadas del cruzado, y como no... el permanente crepitar de las llamas en las antorchas.

Una vez más se abrió la puerta.

Solemne la figura que entraba, profundos sus ojos, cerrados los pensamientos de sus mientes, largos y oscuros los pelos que de su berruga salían... Trás ella, un desenfadado muchacho ataviado con armadura comienza a trastear con todo lo que piya.
Todos atentos. Nadie piensa en otra cosa que no sea lo que la chica dice. Habla de traición dentro de la organización, pronuncia sentencias y condena basándose en confusos informes, una investeigación dentro del mismo cuerpo de los templarios es necesaria.
A su partida los futuros héroes hablan, el cruzado se muestra desenfadado cosa que parece perturbar al más marcial de los soldados, no tardan en bajar a por las órdenes.
Una vez aprovisionados, el barco espera. Montan sin dilación.

Los dioses apuñalan el pecho del cielo con una terrible tormenta, el barco esta apunto de irse a pique. Parece que falta alguien. El hombre del turbante y el preocupado soldado no tardan en ponerse manos a la obra a las órdenes del "capitán" del barco, les manda buscar a un pelirrrojo que no aparece, mientras tanto el desenfadado de rasgos shivatenses hace gala de asombrosa destreza al permanecer inmutable durante la tormenta apoyado en un solo pie, no tiene tiempo de distracciones pasajeras, ahora es todo con el YO y con el mundo. Abajo en el camarote oscuros pensamientos cruzan por la cabeza del encargado de llevar a término la misión.
Poderosas manos agarran el candente hierro de un cubo, los dorados colgantes entrechocan en su poderoso pecho mientras sube a cubierta intentando no escaldarse las manos, el tiempo apremia. Sesudos intentan tanto el cruzado como el de oscura piel descifrar el enigma que encierra el cubo, al fin lo consiguen. La nave esta salvada.

La llegada a puerto se produce sin más incidentes, allí el siguiente paso es encontrar al contacto, la información sobre él es escasa, sólo su nombre: Nakaru, y que no es hombre de pasar desapercebido. Cubiertos con mantos los templarios se ponen manos a la obra y no tardan en encontrar a quien a gritos pronuncia su nombre, el nombre de quien andan buscando. Nakaru.
Problemas y correrías protagoniza este extraño personaje de belicosidad y fuerzas espcetaculares, al fin, en un derruido edificio apunto de venirse abajo, los emisarios de Tol Rauko dan con el. Para desgracia de la poderosa organización creada ,más allá de donde la memoria puede alcanzar, por el emperador Giovanni, la sombra de traición se mece sobre ella. Un infiltrado se ha colado entre sus filas, una serpiente de la inquisición que se ha colado entre las grietas del sólido muro que constituye la organización y que conspira para derrocarla.
Nakaru habla de una terrible batalla, habla sobre el Nem y sobre el rayo, sobre un hombre que perdió un brazo y que puede cambiar su apariencia, habla de poder y traición, habla de la misión que coronará como héroes a los enviados.

Órdenes ratificadas y más extendidas, la demora en la ciudad sería una imprudencia, a la mañana siguiente los personajes se marcharán, y así lo hacen, pero con el furioso Nakaru como acompañante, el ruido de sus pisadas acompaña al trotar de los caballos mientras corren hacia su siguiente punto.
Acampan. Los caballos están destrozados, los soldados hambrientos.
Una niebla empieza a crecer, unas extrañas luces se muestran a los ojos de los viajeros tan solo unos segundos.
Suficiente como para desenvainar los aceros.
Los corazones se aceleran, el pulso corre agitado, la adrenalina corre por sus cuerpos y la sombra del miedo agarrota sus corazones, a lo lejos una sombra empieza a hacercarse, preparados el cruzado y el shivatense se lanzan como dos relámpagos hacia la difusa sombra, el oscuro filo de una alargada katana, que pondría los pelos de punta al más valiente, es parada por uno de los brazos de la criatura, ésta habría sonreido si hubiera tenido rasgos faciales.
Ingénuo.
Como el viento que corre huracanado se abalanza el shivatense y descarga una serie de brutales ataques sobre la criatura, sorprendida acierta a parar los primeros ataques, hasta que, alzando los brazos sobre la cabeza para parar el golpe del Tao, éste aprovecha el hueco en la defensa para hundir su puño en el pecho. El crujido de los huesos confirma la sentencia.
La batalla ha terminado.
Después de envainar e inspeccionar el cuerpo un llanto llama la atención de los caminantes. El cruzado intenta calmar a la cría que llora por la pérdida de su madre, pero su presencia parece terrible debido a la Katana de extraño filo que porta. Es el de oscura piel y dorados ornamentos quien consigue calmar a la chica, pero solo para que de esta aparezca lo que parece ser una draconiana cabeza que grita también por la madre fugada. Al final la chica exhausta duerme el sueño de los torturados.
Los personajes se preparan para pasar la noche, su destino parece esperar en forma de un hombre manco en una lejana ciudad...

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